
Existe una doctrina en la India cuya filosofía otorga suma importancia a la vida, pues la consideran encarnaciones de una fuerza omnipotente. El
Jainismo surge como reacción ante los sacrificios de animales, se dice que dentro de sus prácticas barren cuidadosamente el suelo que pisan para no lastimar seres vivientes, o bien, llevan mascarillas evitando así respirar insectos, además de no lavarse para no aniquilar bichos que pudieran albergar en sus cabezas o cuerpos. Esta idea es la que me hace recordar a Crates a quien
Marcel Schwob http://www.luventicus.org/articulos/03V002/index.html dedica la primera parte de su obra Vidas imaginarias, sin embargo, el no bañarse a Crates le resulta más que una necesidad una satisfacción tal como lo fue dejar pasar el tiempo hasta la muerte, pudiendo de esta manera conservar sus adornadas llagas, costras y mezquinos, así como su hambre.

Tres corrientes místicas y devotas se entrelazan delante de estas casualidades, pues además llevando a Crates al cristianismo, este hubiera sido merecedor de crédito celestial, pues en su querida Atenas intercambió su riqueza deliberadamente y sin recato por la mezquindad y la indigencia como todo un cínico no así por seguir a un mesías, además Crates pregonaba la autarquía. Sin embargo, esta historia también ha sido una realidad tangible en nuestro tiempo, los Crates contemporáneos muchas veces intercambian el juicio por una bocanada de desprecios, pues rechazan la moral y las buenas costumbres ya sea por una deducida resistencia o bien por un sistema feroz que los orilla.
Me arranco los bigotes como jainista.