
La mayoría de las canciones que componen este álbum son letras firmadas al calce por una banda sonora perpetua y penitenciaria… musicalidad de la revolución que debe vivir en el grito desaforado de “Viva la Revolución”, consigna de "The Monkey Speaks His Mind", la melodía inspirada en la homónima de
Dave Bartholomew en tributo a ese
american soul que tanto admira
Barry.
“
What it means”, “
Jazz Devil”, la grosería de “Still I Rise” e incluso “Girl” -de los dos pobladores del subsuelo “
Suicide”- aun en el susurro de una novela, prosan la diferencia del rey de nothing hill a la sentencia hermenéutica “como es arriba es abajo”.
Barry redacta esta encomienda musical mientras renace en el avatar del equilibrio, en

la búsqueda de la conciliación de su dualidad interna, esta vez ya no
en su trono dórico y elegante derrochando algun vino desconocido como un rey, sino ahora en su butaca rodante, convaleciendo en unas pequeñas vacaciones en el hospital de los lamentos.
Con
Barry la imaginación es una infección que se propaga, la aventura un paso al vacío. Humo ondulante que traspira el terciopelo, aroma de maderas, metempsicosis del zen y la borrasca, el eco y la palabra... el otro por sí mismo.
Enseguida un video amateur de Barry acompañando en el bajo a Eugene Robinson, vocal de
Oxbow.
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